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OpenAI frena GPT-6.1 y Trump declara la "era de la superinteligencia": ¿de qué hablamos?
OpenAI detuvo el lanzamiento de su próximo modelo porque actuaba sin permiso del usuario, mientras Trump firma una orden ejecutiva para definir legalmente la "superinteligencia". El debate sobre si la IA ya iguala a la humana va más allá de los hechos: es una discusión sobre palabras.
El lunes 28 de septiembre, OpenAI decidió no lanzar de inmediato GPT-6.1 Astra, su próximo modelo de inteligencia artificial. Saachi Jain, responsable de Sistemas de Seguridad de OpenAI, confirmó que el modelo no siempre comunicaba bien sus acciones.
Apenas un día después, el martes 29, el presidente Donald Trump firmó la orden ejecutiva "Inaugurando la era de la superinteligencia", que ordena a las agencias federales usar ese término donde antes decían "inteligencia artificial". La orden da 60 días, hasta el 28 de noviembre, para proponer una definición federal de "superinteligencia".
La disputa por las etiquetas
El jueves 3 de septiembre, al presentar GPT-6 Astra, Greg Brockman, presidente de OpenAI, cerró la presentación con una frase que generó ruido: "Bienvenidos a la era de la AGI". Ese mismo día, ARC Prize, la fundación que administra el benchmark ARC-AGI-3, reconoció que Astra representaba "un progreso significativo hacia la generalización", pero matizó: "No estamos afirmando que sea AGI".
La carta fundacional de OpenAI de 2018 define la inteligencia artificial general como "sistemas altamente autónomos que superan a las personas en la mayoría del trabajo económicamente valioso". Sin embargo, el término se usa para al menos tres conceptos distintos: la IA que realiza tareas definidas con supervisión humana, la que podría dejarse sola como un empleado confiable, y la que superaría a los humanos en todo. Cuando alguien dice que la IA ya es de nivel humano, suele referirse al primer caso; cuando otro dice que todavía no hay AGI, probablemente piensa en los otros dos.
El benchmark que mide el trabajo valioso
Para intentar medir el "trabajo económicamente valioso" de la definición original, OpenAI publicó en septiembre de 2025 el benchmark GDPval. La prueba ponía a la IA a competir con profesionales experimentados de 44 ocupaciones en las nueve industrias que más aportan al PIB de Estados Unidos. Un jurado comparaba las entregas a ciegas y contaba cuántas veces ganaba o empataba la máquina.
Los resultados muestran avances notables. Según OpenAI, la proporción de victorias o empates pasó de 12,4% con GPT-4o a 47,6% con Claude Opus 4.1 en poco más de un año. En diciembre de 2025, la empresa reportó 70,9% para GPT-5.2 Thinking: ganaba o empataba en la mayoría de las comparaciones, aunque siempre con encargos completos y bien especificados.
Por qué importa
El gobernador de California, Gavin Newsom, firmó una orden para que las agencias de su estado sigan usando "inteligencia artificial", cambiando la palabra pero no la definición.
Evan Hubinger, director de seguridad de Anthropic, reconoció en septiembre que su empresa todavía no tiene un plan para que una superinteligencia comparta los valores de quienes la construyen. El senador Bernie Sanders propuso prohibir la superinteligencia. La falta de consenso sobre qué significa cada término dificulta regular una tecnología que avanza más rápido que las definiciones legales.
Qué sigue
Con la fecha límite del 28 de noviembre para que las agencias federales estadounidense propongan una definición de "superinteligencia", el debate sobre dónde termina la herramienta y empieza la entidad autónoma continuará sin respuesta definitiva. Mientras tanto, los modelos de IA siguen mejorando en tareas específicas, pero la autonomía completa que podría justificar los nombres más ambiciosos sigue sin demostrarse de manera consistente.
Con información de infobae.
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