
Foto: Faruk Tokluoğlu en Pexels ↗
A 25 años del inicio de la guerra en Afghanistan: de la invasión exprés al colapso afgano
El 7 de octubre de 2001, Estados Unidos inició los bombardeos contra Afghanistan tras los atentados del 11-S. Veinte años después, el 30 de agosto de 2021, el último avión militar estadounidense abandonó Kabul, marcando el fin de la guerra más larga y costosa en la historia de Washington.
El 7 de octubre de 2001, hace veinticinco años, Estados Unidos comenzó una intervención militar en Afghanistan que transformaría al país centro asiático en el escenario de la guerra más prolongada de la historia estadounidense. La invasión respondió a los atentados del 11 de septiembre de 2001, perpetrados por Al-Qaeda, que utilizaba territorio afgano como santuario bajo la protección del régimen talibán.
El presidente George W. Bush anunció el inicio de los ataques aéreos con una advertencia directa: "Los talibanes pagarán las consecuencias". En su discurso, dejó claro que la respuesta trasciende las fronteras afganas: "Hoy nos centramos en Afghanistan, pero la lucha va más allá".
La campaña militar fue rápidos. Con el respaldo de las fuerzas terrestres de la Alianza del Norte, liderada por Ahmad Shah Massoud, las tropas estadounidenses lograron expulsar a los talibanes de Kabul y posteriormente de Kandahar. Sin embargo, la victoria militar contenía desde el inicio señales de lo que vendría: Osama bin Laden y la mayoría de los dirigentes de Al-Qaeda lograron huir hacia Pakistán.
Dos días antes de los atentados del 11-S, Massoud había sido asesinado por dos miembros de Al-Qaeda en un ataque suicida. Su muerte representaba un golpe contra la resistencia afeada que posteriormente colaboraría con Estados Unidos desde tierra.
La Conferencia de Bonn y la arquitectura del nuevo Estado
En diciembre de 2001, la comunidad internacional intentó organizar el futuro de Afghanistan mediante la Conferencia de Bonn. El escenario estableció las bases de un nuevo orden político, pero con limitaciones significativas: los talibanes, aunque militarmente derrotados, no tuvieron representación en las negociaciones.
Hamid Karzai, un dirigente pastún relativamente desconocido, asumió como presidente interino el 22 de diciembre de 2001. En su primer discurso, pareció anticipar las dificultades que enfrentarían: "El viaje es largo y yo soy un principio. Necesito vuestra ayuda".
La conferencia no resolvió el problema de las milicias ni creó las condiciones de seguridad necesarias para que el nuevo gobierno pudiera ejercer autoridad efectiva sobre todo el territorio. Los hombres que habían luchado junto a Estados Unidos conservaron una parte decisiva del poder.
Los señores de la guerra en las nuevas estructuras
Figuras como Mohammed Fahim, Rashid Dostum e Ismail Khan pasaron a integrar las nuevas estructuras políticas y de seguridad. Algunos ocuparon ministerios o gobernaciones; otros conservaron sus propias redes armadas y económicas.
Esta situación generó una contradicción fundamental en la intervención occidental. Estados Unidos precisaba utilizar las estructuras de poder locales para perseguir a Al-Qaeda, pero simultáneamente pretendía construir un Estado moderno con capacidad para monopolizar la violencia legítima. El analista Ahmed Rashid, autor del libro "Los Talibanes", resumió el problema: el caudillismo fue un obstáculo enorme para la reconstrucción de un Afghanistan moderno.
El gobierno de Karzai carecía incluso de ingresos suficientes para competir con los señores de la guerra. El Estado todavía no contaba con ejército, policía ni capacidad efectiva para garantizar la seguridad en todo el país.
Por qué importa
Esta guerra reveló las contradicciones de una intervención que buscó combatir el terrorismo mediante la construcción de un Estado que nunca logró sostenerse por sí mismo. El Estado afgano terminó dependiendo completamente del aparato político, militar, económico y tecnológico occidental.
Cuando las fuerzas extranjeras finalmente se retiraron en agosto de 2021, los talibanes recovera ron el poder en cuestión de días. La victoria rápida de 2001 había ocultado las fragilidades estructurales que acompañarían a Afghanistan durante las siguientes dos décadas.
Qué sigue
El legado de esta intervención sigue afectando las dinámicas de seguridad global. La incapacidad de construir instituciones afganas autosuficientes plantea interrogantes sobre las estrategias de construcción estatal en contextos de pos conflicto y sobre el papel de las potencias occidentales en regiones con tradiciones políticas diferentes.
Con información de RTVE.es.
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